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MAMANDO EL RABO

jueves, 15 de julio de 2010

EL UNIVERSITARIO

"Vamos a empezar la sesión de hoy."


"Bueno, no parece que lo hace mal."


"Ahora se la voy a tener que chupar yo a él."


"Parece que me está gustando, pero no. Esto lo hago para pagarme la carrera. A todo se acostumbra uno."

viernes, 9 de julio de 2010

EL ANSIA

No... si al final vas a acabar atragantándote.

EL VASO DE LECHE

¡Coño! No sabía yo que eso se cargaba como una estilográfica...

MORALEJA

"Cuando la gana de joder aprieta ni el culo propio se respeta."

EYACULANDO

"Me bajé los calzoncillos por los muslos y comencé a batirme la polla hasta que toda la carga que llevaba acumulada en las pelotas salió disparada yendo a estrellarse ruidosamente contra mi camiseta."

jueves, 8 de julio de 2010

EL GOOGLE EARTH

De las múltiples opciones que ofrece Google Earth, la más interesante puede que sea el efecto zoom sobre la zona seleccionada.



Con tan sólo un ligero movimiento con el ratón...



Prácticamente te puedes meter dentro.

miércoles, 7 de julio de 2010

MAMANDO EL POLLÓN DE SU AMIGO


Jóvenes y cachondos... ¿y qué van a hacer? Pues pegarse un mamazo de la hostia.

ALTRUISTA

Je, je, je. Bueno, no me puedo quejar. Claro que no me importa enseñarte la polla.


Tengo buen cacharro, ¿no crees?


Si quieres te dejo que me la chupes, me estoy poniendo cachondo.


Mientras te decides, voy a pajearme el rabo.

domingo, 4 de julio de 2010

VECINOS EN EL TRASTERO

Venga, tío. Ahora que ya la tienes dura quiero recibirla en el culo.


Espera. Voy a comértelo un poco y llenártelo de saliva para que entre mejor.


Joder, qué buena idea subir el sofá al trastero. Vamos, fóllame. No vaya a ser que le dé por subir a mi mujer a coger algo.

sábado, 3 de julio de 2010

LA ALUCINANTE MAMADA DE BILL A TEDD

A Tedd me lo ligué en el metro volviendo del curro. El olor a humanidad reinante siempre me hace poner cachondo. Lo que más me atrajo de él fue lo desaliñado de su aspecto, la barbita de tres días, su pelo grasiento y la manera en que se sobaba la bragueta como descuidadamente. Iba pidiendo a gritos el ser mamado, por lo que no lo dudé y me lo traje a mi apartamento.


Deseaba oler la entrepierna peluda de Tedd y lamerle las pelotas por completo. Hundiendo mi cara en el aroma pegajoso de sus calzoncillos, pasé mi lengua por su escroto.


El acre efluvio de su capullo, actuó en mi como una droga. En ése momento tan solo quería tragarme toda la pestosidad de su polla, acumulada por las meadas del día y la evidente ausencia del jabón en el lugar de trabajo de mi amigo.


Podía haberle hecho pasar por el lavabo antes de comenzar a chuparle la polla, nada más lejos de mí. El sabor salado de la mezcla del sudor y orina acentúa la fruición con que realizo la mamada.




















 A Tedd no parece importarle quién se está tragando su rabo, pero creo que sabe bien que otro tío no tendrá inibición alguna para tal acción.




 
Se ve que está disfrutando de la comida de polla que le estoy pegando, ya que empuja mi cabeza para metérmela toda en la garganta.




Y yo, como buen chupapollas, también estoy disfrutando lo mío notando cómo me bombea con toda la dureza de su carne.



Va a resultarme imposible olvidar la entrepierna de Tedd, como también el calor pastoso que desprende.




Cierto es que quería que le hiciera una mamada. Pero accedió a dejarme lamerle el ojete, dejando su actitud egoísta como premiando el buen trabajo que le estaba haciendo.





Si el sabor de su capullo me hizo drogar de deseo, el sabor de su culo hizo aflorar en mí toda la depravación reprimida hasta entonces.





Nunca olvidaré la expresión de la cara del que fué mi chulo esa tarde, como tampoco el olor de su peluda entrepierna.





Poniéndose a horcajadas sobre mi cara, empezó a follarme la boca, metiendo toda su virilidad hasta el fondo de mi garganta.





Me aferraba a sus muslos, no quería dejarle salir de mí. Necesitaba tenerlo dentro, me sentía como el yonqui de su masculinidad. Chuparle la pija era mi necesidad.





Él era mi camello. Agarrándome del pelo me obligaba a mamársela. Me puse tan perro, que no podía dejar de mamar.





Acomodándose me observaba comiéndole la polla como amo que contempla al esclavo.





¡Qué alucinante fué la mamada que le hice aquélla tarde al tipo que me ligué en el metro al volver de currar!

BMB

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