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MAMANDO EL RABO

viernes, 25 de junio de 2010

HASTA LA ÚLTIMA GOTA

Si me chupas la polla te voy a dar un premio.


"No veía el momento en que me lo dijera"


¡Toma leche por toda tu cara!


¡Así, quiero que me saques hasta la última gota!

MIRÁNDOSE LA POLLA

Sé que está mal que yo lo diga, pero no puedo dejar de mirarme la polla. Es todo un pollón y aquí estoy cogiéndomelo con la mano. Es que, joder qué duro lo tengo.


Eso es. Ponte de frente que la vas a ver mejor y de paso, miras el par de huevos que cuelgan debajo. Quédate con la copla.


¿Ves cómo me abro el ojete? Me encanta meterme un dedo primero lo más adentro que puedo. Aunque un dedo sólo me parece poco.


¡Uff, qué gusto! Metiendo dos dedos me parece como si fuera una polla follando mi culo. Espera que quiero que lo veas.


 Qué agujero tan redondito, ¿verdad? Imagínate, si pusieras la punta de tu polla y fueras empujando poco a poco. Joder, tío, eso me encantaría.

sábado, 19 de junio de 2010

LA SOLEDAD DE LOS CALZONCILLOS DEL NEGRO

¡Oh, Cielos! ¿Qué es esto que tan oscura y gruesamente pende sobre mi cabeza?


Abrumado me hallo en este plácido lugar pues
 mis manos apenas logran su envergadura abarcar.


Oh, qué sonido más grácil, cuánta musicalidad. He de acercar mi oído para sus dulces palabras poder escuchar.


Dice que su vida es triste. Siempre escondida en
absoluta oscuridad. Habré de ayudarla a encontrar la felicidad.


Qué trabajos manda Dios a esta vida procelosa. Chupando la polla del negro como si eso fuera cualquier cosa.


Tengo que empezar con sumo cuidado, abriendo mucho la boca ya que, en un momento dado, puedo llegarme a atragantar.


Mejor saboreando la punta, lamiendo a fondo el capullo... aunque ya estoy pensando en decirle "oye, tío, hazme tuyo".


Y, vaya si me hace suyo. Sin mucho hacerse de rogar, me está dejando el culo abierto como una rosa.


Polla que antaño a mi oído susurrabas el pesar y la tristeza de tu vida oculta en apretados calzoncillos...


Polla que ahora estás enardecida penetrando crudamente en mis entrañas y a tu paso vas dejándome las tripas doloridas...



Polla que pretendes con tu dureza arrancarme la vida, pero que si algo haya que arrancar aquí, sean mis gritos de placer.


¡Anda, si todavía sigues ahí!


Ya casi imposible va resultándome tanto placer poder aguantar. A poco me voy zafando; esto tiene que acabar.


Abierto dejas mi culo, envuelta en látex observas. Sabes que aquí ya no vuelves entrar. ¿Vas a empezar a llorar?


Irreprimibles las ganas, tensión en aumento. El culo ya cierra. Sabes que vuelve a empezar tu tormento.


Grandes son los lagrimones de semen que en mi culo acabas de echar. Grande será tu soledad dentro de los calzoncillos del negro.

ESPERMA FACIAL

Me cago en la puta. Joder qué a gusto me he quedado. Pedazo de corrida.


Y, si no, que se lo pregunten a tu cara...

EL PADRINO CON EL NOVIO

¡Cuánta pasión, cuanta dulzura!
Pura expresión del amor viril
entre machos demostrada.





¡Cuánta belleza se desprende
con la sola visión de vuestro amor...!





¡Pero, tío! ¿Se te ha ido la pinza, o qué?
Yo soy El Padrino, y éste, el novio de mi hija, ¡coño!

miércoles, 16 de junio de 2010

ÁLEX Y GREGORY

Este chico tan guapo se llama Álex. Es muy buen chaval. El marido ideal que toda madre quiere para su hija. De hecho su suegra piensa así.


Aquí está Gregory. También es bastante guapo y el mejor amigo de Álex. Los dos se conocen desde el Instituto y se entienden a la perfección.


¿Puede alguien atreverse a ponerlo en duda?

LA VIEJA PAGODA DE MADERA

Andaba tan ensimismado contemplando los monumentos que el guía de la excursión nos iba mostrando que no advertí que el grupo se alejó de mí. Cuando reparé en ello me encontraba completamente perdido y no tuve más remedio que continuar la excursión yo sólo.


Sentí unas tremendas ganas de orinar y no divisé el lugar apropiado para ello por lo que me escondí tras una bonita pagoda de madera que encontré en la soledad de mi inesperado extravío.


Aunque era plenamente consciente de que estaba totalmente sólo en aquél para mí desconocido jardín, no estuvo de más que me cerciorara de que realmente era así antes de sacarme la polla.


Tan imperiosa era mi necesidad que no tuve la menor dificultad en vaciar mi repleta vegiga con un potente chorro de líquido dorado.


Tal vez fuera por la belleza del paraje en el que me encontraba o, bien, la quietud y la pureza del ambiente que estaba respirando...


Quizá fuera por la sola contemplación del  miembro con que generosamente la naturaleza me ha dotado...


Mi organismo empezó a notar con urgencia la necesidad de satisfacer otra necesidad igual o más imperiosa que la de mear.


Empuñando con la diestra toda la plenitud de mi verga, semioculto tras los viejos tablones de la pagoda de madera, comencé con el rito ancestral de la masturbación cual monje de lujuria de mi particular congregación.


Era tal el grado de excitación que se iba acumulando tanto en mi cuerpo como en mi pensamiento que no pude (más bien, no quise) evitar la realización de obscenidades propias de la intimidad de mi cuarto en el hotel.


Libre de cualquier asomo de pudor, como libre de toda mi ropa, continué acariciándo mi cuerpo en la inmensa quietud de aquél vergel.


Olvidándo por completo cualquier norma de comportamiento social y dejándome guiar por el dictado de la calentura de mi culo...


Saqué de mi bolsa un souvenir en forma de porra típico del país, que compré en una tienda a la que nos había llevado el guía. Con el césped que poblaba el lugar como cama, me lo fui metiendo en el culo dándome infiníto placer.


Nunca jamás olvidaré que anduve perdido en un país desconocido, así como tampoco podré olvidar la paja que me di junto a la vieja pagoda de madera.

AQUÉL MALDITO FIN DE CURSO

Era fin de curso y acababa de recibir el ultimátum de la Jefa de Estudios. Como no me había esforzado lo suficiente, no iba a aprobar el exámen final y no me graduaba para pasar a la Universidad. Consideré que aquello que me estaba ocurriendo era harto injusto.


Era algo que no podía consentir. Aquí se terminaban todos mis proyectos de vacaciones junto a mi chica. ¿Cómo no iba aprobar aquél jodido curso cuando me había pasado noches enteras pegado a los libros?


Tenía que conseguir como fuera que mi profesor recalificara mi exámen y lo puntuara favorablemente.


Intenté convencerle, pero, tal y como dijo la Jefa de Estudios, no existía posibilidad alguna de revisión del puto exámen y mucho menos de que lo volviera a repetir, ya que lo había puntuado muy por encima y no podía subir la nota.


Como ya había experimentado los placeres masculinos con algún  compañero de clase y parece que no se me daba mal el arte de hacer mamadas, se me ocurrió proponer a mi profesor comerle la polla y si quedaba satisfecho premiar mi trabajo.  Accedió mostrándome un enorme rabo como ninguno de mis colegas de clase me había ofrecido en nuestros escarceos amorosos.


Tomando entre mis labios aquél pollón me dispuse a realizarle la mejor mamada que hasta entonces había hecho ya que el lugar era lo bastante idóneo para que nadie nos interrumpiera. La perfecta soledad del aula y mi más profundo deseo de poder disfrutar de las vacaciones con mi novia, causó en mí la total pérdida de la racionalidad en mimetismo con todo el vicio y la procacidad que empezaban a reinar en el ambiente.


Comportándose como un auténtico kabronazo y dando rienda suelta a sus más bajos y ocultos instintos, el profesor no iba a quedarse lo bastante sobornado con una simple felación por lo que, bajando mis pantalones, me obligó a ofrecerle mis nalgas que aún conservaba vírgenes.


 Con una inusitada dulzura se dispuso a pasar la lengua por mi culo consiguiendo hacer de mí el juguete con que paliar el rigor de su virilidad.


Despojándonos de nuestras ropas, cual si de un uniforme social se tratara, llegamos a ponernos a la misma altura deseando recíprocamente ser el uno del otro.


La nota, las vacaciones, mi novia... iban quedando en profundo segundo plano. En ése instante mi único anhelo era ser poseído por el señor Michaels, quien durante todo el año procuró implementar mis conocimientos para terminar implementando mi cuerpo con el suyo en aquél maldito fin de curso.


Instintivamente logré recibir la polla de mi mentor en la oquedad inmaculada de mis nalgas impolutas proporcionando a mi recto la armónica orquestación de placeres por mí desconocidos.



A medida que el señor Michaels iba follándome el culo empecé a comprender el porqué de mis incursiones en el conocimiento carnal con mis colegas de clase en los malolientes servicios del Instituto.


Tenía que aprobar a toda costa para disfrutar las vacaciones con mi chica... ¡qué lejano iba quedando aquéllo! No podía pretender seguir engañándome por más tiempo. Los compañeros... el profesor... las miradas furtivas en los urinarios de la Estación de Cercanías...


Gracias al señor Michaels descubrí cuáles eran mis inclinaciones sexuales aquél maldito fin de curso.

BMB

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